
La baja de tasas está a la vuelta de la esquina
Los últimos datos macroeconómicos empiezan a dar argumentos para un cambio de rumbo, y ahí es donde coinciden los deseos del mercado y el gobierno de Donald Trump.La Reserva Federal está cada vez más condicionada por Wall Street y presionada por la Casa Blanca para bajar las tasas de política monetaria. La última reunión del FOMC fue en julio, cuando mantuvo el rango de referencia en 4,25%-4,50%, nivel que sostiene desde diciembre del año pasado. La estrategia desde un principio fue controlar la inflación sin asfixiar del todo la actividad y el empleo, apuntando a un soft landing. Hasta ahora el objetivo se ha logrado, aunque la inflación resultó ser más sticky de lo anticipado, lo que llevó a que las tasas contractivas se mantuvieron por más tiempo del inicialmente esperado. Ahora los últimos datos macroeconómicos empiezan a dar argumentos para un cambio de rumbo, y ahí es donde coinciden los deseos del mercado y el gobierno de Donald Trump.
Uno de estos factores es que el mercado laboral dio señales de enfriamiento en julio. Las nóminas no agrícolas sumaron apenas 73 mil nuevos puestos, muy por debajo de los 104 mil esperados. A esto se sumó una revisión drástica de los datos previos, ya que el crecimiento de junio se corrigió de 147 mil a solo 14 mil. Esto dejó a la revisión neta de los últimos dos meses en -258 mil, lo que llevó el promedio móvil de tres meses a caer de 150 mil a 64 mil en junio, y a desacelerarse aún más en julio, hasta 35 mil. En la misma dirección, la tasa de desempleo subió a 4,2%, la participación laboral cayó a 62,2% y el subempleo trepó a 7,9%. Este cuadro alimenta la idea de que la economía pierde tracción en un contexto donde también pesan los efectos de la nueva ofensiva comercial de Trump con mayores aranceles.
El otro factor es el nivel de actividad, que, si bien en julio mostró señales positivas, los datos esconden una dinámica que también apunta hacia un enfriamiento. En detalle, el PBI del segundo trimestre creció a una tasa anualizada del 3%, revirtiendo la caída del 0,5% del primer trimestre y superando el 2,6% que esperaba el mercado, pero la mejora se explicó por un giro de la balanza comercial, que pasó de restar 4,6% en el primer trimestre a aportar 5% en el segundo. Esto significa que el repunte en la actividad provino primordialmente de una reducción de las importaciones, luego de que el trimestre anterior las mismas se adelantaran aceleradamente previo a la aplicación de aranceles. Luego, es cierto que se observó un repunte del consumo, que avanzó 1% tras el 0,3% previo, pero ya quedó lejos del 2,7% de un año atrás, y cada vez se acerca más a terreno contractivo.
El último factor es la inflación, cuyo informe de julio mostró que la general se mantuvo en 2,7% interanual y subió 0,2% en el mes, en línea con lo esperado. La core, que excluye alimentos y energía, subió 0,3% en el mes y 3,1% anual, su mayor ritmo desde enero. El componente de servicios fue el principal impulsor con alzas en tarifas aéreas y salud, mientras que la energía ayudó a contener la presión. A grosso modo, datos que no fueron preocupantes, apoyaron el view del mercado por un posicionamiento más dovish de la Fed. Aun así, el índice de precios mayoristas sorprendió el jueves con un alza del 0,9% mensual, muy por encima del 0,2% esperado. Es el registro más alto desde marzo de 2022. Interanualmente se ubicó en 3,3%, impulsado por márgenes comerciales y precios de maquinaria, equipos y alimentos. A contramano del índice al consumidor, este repunte advierte que los aranceles podrían llegar al consumidor más temprano que tarde. No tan positivo para el view dovish del mercado, aunque hay voces que ven el potencial passthrough como algo transitorio.
Acá cabe destacar que, en su discurso tras dejar la tasa sin cambios, Powell reiteró que la Fed mantendrá una postura data dependent. Explicó que, si bien observa un enfriamiento en la economía, este no le preocupa tanto como la posibilidad de un repunte de la inflación por los aranceles. También es cierto que este comunicado llegó antes que la revisión del empleo, aunque es difícil creer que Powell desconociera estos datos. Por otro lado, tampoco juega a favor el comportamiento del presidente de la nación. Trump está convencido de que la tasa debería estar más baja y no oculta sus diferencias con el presidente de la Fed. Incluso, uno de sus principales allegados, el secretario del Tesoro Scott Bessent, reforzó esa visión al señalar que, desde su punto de vista, el nivel actual es excesivamente restrictivo y que debería ubicarse entre 150 y 175 puntos básicos por debajo del nivel actual. Ello implicaría entre seis y siete recortes. No menos sorprendente es que hasta planteó que el ciclo debería comenzar en septiembre con una baja de 50 puntos básicos. En definitiva, Powell también se debe ver incentivado a mantener la reputación de la Reserva Federal como un ente independiente. Después de todo, gran parte de su reputación depende de que no es influenciable por los gobiernos de turno.
De todas formas, los últimos meses la máxima autoridad monetaria ha decidido no ir en contra del mercado. Por este motivo, todo pareciera alinearse para que lo escuche en septiembre. Actualmente, los inversores asignan una probabilidad de 93% para un recorte de 25 puntos básicos en la próxima reunión, por lo que se podría esperar el inicio del ciclo expansivo. Hacia adelante, también es importante recordar que en mayo finaliza el segundo mandato de Powell. Dado su cruce con el presidente, que es quien debe proponer al sucesor, todo apunta a que sea reemplazado. En esa línea, desde hace algunas semanas que circula una lista de posibles sucesores con un sesgo más dovish respecto a las tasas, entre ellos Christopher Waller, actual gobernador de la Fed, Kevin Warsh, exgobernador, Kevin Hassett, exasesor económico de Trump, James Bullard, expresidente de la Fed de St. Louis, Marc Sumerlin, consultor y exfuncionario de Bush, y Stephen Miran, recién nominado a la Junta de Gobernadores. Esto implica que, para descontar las probabilidades de recortes en el futuro, el mercado comienza a ver la posibilidad de que uno de estos postulantes sea el líder de la Fed.
¿Qué significa esto desde la perspectiva del inversor? Una baja de tasas medida y anticipatoria, debería beneficiar a la renta variable. Tomando los precios de las empresas como el valor presente de los flujos futuros, una menor tasa de descuento que no venga provocada por una recesión, debería aumentar el valor actual de dichos resultados. Por eso, con la baja en septiembre prácticamente descontada y la posibilidad de que Powell sea reemplazado por alguien con un perfil más alineado a Trump, el optimismo se trasladó a los índices. Esto ha hecho que desde hace unas semanas el S&P 500, el Dow Jones y el Nasdaq Composite se encuentren oscilando entre máximos. Este nivel de precios muestra que el mercado ya incorporó el recorte de septiembre, y empieza a pricear algunos más de cara a 2026. Si bien todavía hay recorrido al alza si la economía no se enfría lo suficiente y Trump logra su cometido de que las tasas se acerquen más al 3% el año que viene, si la Fed no cumple con las expectativas en el corto plazo, podría haber una rápida toma de ganancias.